William Hazlitt vivió y conoció los profundos cambios acaecidos en el inicio del siglo XIX en Europa. Nacido en una pequeña localidad del sudeste inglés en 1778, viajó muy pronto, en 1802, a Francia, en la que, además de iniciarse en la pintura, pudo observar de primera mano las transformaciones políticas, sociales y culturales que se estaban desarrollando en el continente. De este periodo proceden las experiencias de las que se nutrió toda su vida y que le llevaron, en sus últimos años, a escribir una monumental Vida de Napoleón Bonaparte (1828-1830). Afincado en Londres, donde residió hasta su muerte en 1830, se dedicó a frecuentar los círculos literarios y a ejercer de crítico y ensayista para diferentes periódicos y revistas. Su obra publicada en vida es sin duda considerable y abarca tanto la crítica literaria en sentido estricto, como el ensayo filosófico o de intervención política, siempre atento a lo que él llamó "el espíritu de la época". En la vertiente de crítico literario hay que tener en cuenta que es la época del romanticismo ya consolidado, y que este hecho se constata tanto por los autores y temas que revisa, como por la finalidad de su trabajo y por algunas características de éste. Se ha señalado, por ejemplo, que Hazlitt en Inglaterra, como los hermanos Schlegel en Alemania, es uno de los promotores de la fama casi sobrehumana que alcanza Shakespeare en esta época y que dura hasta nuestros días.
El interés de Hazlitt radica en que dentro de su época mantiene las características del escritor libre e independiente, que eleva el ensayo literario al rango de lectura respecto de la tradición cultural y la actualidad social y política, en definitiva, que la tarea del lector (y el crítico no deja de ser un lector privilegiado) se realiza siempre en un determinado contexto en el que también se inserta la obra. Esta perspectiva de la crítica parece de nuevo tener ahora su repercusión, cuando la crítica literaria y filosófica ha de recuperar el sentido de su propia tarea dejando un tanto atrás un concepto tal vez demasiado vacío y formal en el que la había dejado el deconstruccionismo de las últimas décadas de este siglo. Hazlitt no perteneció a lo que, en términos generales, se llama "academia", es decir, ni profesó en ninguna Universidad ni perteneció a los círculos académicos organizadores de la cultura. Se movió en el ámbito periodístico, un espacio inaugurado en Francia por Diderot y enraizado profundamente en Inglaterra, y por ello pudo tener una relación más directa con el público al que iban dirigidos sus escritos.
Los escritos reunidos representan lo esencial del espíritu y del método de Hazlitt, aquello que le hizo ser leído y admirado por conocidos intelectuales de su época. En este sentido puede recordarse que Stevenson declaró, en su obra Books Which Have Influenced Me que la lectura de On the Spirit of Obligations (artículo incluido en la antología) había dado un giro decisivo a su vida; Virginia Wolf le dedicó hermosas palabras, y se ha señalado en ocasiones la influencia de Hazlitt en literatos ingleses como Jane Austen, Wilkie Collins o Thomas Hardy. La crítica moderna le ha señalado, como ya hemos mencionado anteriormente, como uno de los críticos literarios a recuperar cuando se pretenda dar entidad y contenido al acto de la lectura y la crítica literaria. Los ejemplos más claros son los de George Steiner en Presencias reales o Harold Bloom en El canon occidental.